IV Festival Internacional

Año 2007

“Los primeros que inventaron, que dieron su nombre a las constelaciones eran contadores de cuentos…el imaginar las constelaciones no modificó las estrellas, ni tampoco el negro vacío que las rodeaba. Lo que cambió fue el modo de ver el cielo nocturno” (Jhon Berger)

Me pregunto porque seguir con este empeño de palabras, cuentos, historias.Ahora. Ante la evidencia de lo terrible. Y creo que encuentro una respuesta. Puede haber otras. Creo que es por las mismas razones de siempre. Porque lo terrible siempre estuvo ahí aunque hoy, como otras veces, no estallara en la cara con esa lente de aumento que nos ha puesto la naturaleza delante de los ojos. La palabra con su hermosura frágil de constelación, de volutas de humo, es esa daga que hiere la oscura nada. Esa cosa enorme que impide que el olvido nos coma con sus ojos vacíos. Que nos devore la tristeza, que nos aplaste la impotencia.
Por eso queremos encontrarnos aquí, con la palabra dicha, los ojos que miran, el tacto cálido. Alegría, conciencia, belleza, risa. alimentos de nuestro ser “persona”. Todo lo que evoca el riesgo de vivir, esa vida que nos viaja sin trasladarnos, que nos sacude alevosamente.

A esa vida nos enfrentamos con su propio “todo” : con más vida. Hecha de cosas terribles pero también de sueños de ángeles que escapan de sus prisiones de piedra y de barcos con alas de mariposa y minúsculos mástiles que lo pueden todo.

Con eso venimos a este Festival.Con gente que nos cuenta, que nos habla, que nos recuerda que existimos porque hay alguien que nos mira, porque hay alguien que no nos olvida y que no nos permite olvidar. y nosotros escuchando, hacemos posible esto.

Así queremos pasar estos días, de la melancolía a la risa, de la nostalgia al deseo, del egoísmo al amor y viceversa, porque en una historia no siempre hay un final feliz, de la piedad a la crueldad y de ahí a la solidaridad, de la venda en los ojos, de los ojos vacíos, a los lugares remotos, a la casa de al lado, al pueblo vecino, al país de las mentiras y a la verdad de las huellas. Todo eso y más cosas vamos a vivir a través de las bocas y oídos de cuenteras y cuenteros de nuestro país y de otros países, y por supuesto de nosotros los que escuchamos. Porque afortunadamente sabemos que la vida no termina en el lugar en el que se vive, pero que es desde ahí desde donde la construimos.

Marissa Amado