Cantos, arrullos y juego de palabras. Una bebeteca en un país donde no hay costumbre de leer (Silvia Meza Zubiaurr)

 

Estaba en el bus del metropolitano con mi canasta llena de cancioneros, había conseguido sentarme cerca de una ventana. Desde allí, escuché una melodía familiar aunque no alcanzaba a identificarla. Afiné el oído y la vista y descubrí que en el asiento delante del mío había una mujer muy joven con un bebé en sus brazos. Lo balanceaba suavemente y le cantaba despacito, casi en un susurro, muy cerca de su oído: “Al señor sol, le gusta el caracol, a la señora luna, le gusta la aceituna, a la señora nube le gusta lo que sube, y al señor viento, le gusta mi cuento”. Esperé a que terminara y en una pausa me acerqué y le dije: “¡qué bonito le cantaste a tu niño!” Ella volteó, me miró un instante y sonriente me dijo: “¿No se acuerda de mí? Usted fue a cantar a la maternidad cuando yo estaba embarazada y nos enseñó esta canción. Ahora mi bebé ya tiene 7 meses y siempre le canto esta canción”.

 

Este recuerdo es muy vívido para mí pues era la primera vez que en un transporte público encontraba a una de las usuarias del programa de Bebetecas. La encontraba además cantando a su bebe, muy familiarizada con esta práctica. En ocasiones anteriores ya había encontrado a otras participantes en el mismo ejercicio con sus bebés, pero siempre en el entorno del hospital que visitábamos. Luego de tres años de esfuerzos, siento la satisfacción (tal vez aún prematura) de que el programa de bebetecas está vivo y sus usuarios podrían ir por el mundo cantando.  Aunque no siempre ha sido fácil, porque ¿cómo crear y sostener una bebeteca en un país en donde no hay costumbre de leer? A continuación presento un pequeño alcance sobre ello desde la experiencia del programa de Bebetecas de la Casa de la Literatura Peruana.[1]

Hace tres años la Casa de la Literatura Peruana echó a andar un programa modelo de mediación de lectura y literatura dirigido a la pequeña infancia conformado por docentes, mediadores de lectura y miembros del Voluntariado del Programa de Abuelos y Abuelas cuentacuentos. El Programa de Bebetecas está conformado por un grupo de integrantes del Voluntariado, este se lleva a cabo en Hospitales Públicos Materno Infantil del Cercado de Lima con la finalidad de preparar a los padres y madres para el futuro acceso a la lectura y escritura de los niños y niñas que están gestando.

El objetivo de este programa era muy simple pero directo al corazón, prestaríamos nuestras voces, para propiciar un encuentro con la poesía y la literatura a través de canciones, juegos y arrullos.

 “El énfasis en el ritmo y la prosodia y la carga melódica que imprime la voz adulta al dirigirse a los bebés demuestra que portamos, como equipaje evolutivo de la especie, una cadencia que trasciende el uso utilitario del lenguaje y que, más allá del significado literal de las palabras, trasmite una experiencia estética. De esos poderes mágicos y curativos del lenguaje es testimonio la tradición oral que existe en las diversas lenguas y culturas y a la que recurrimos los adultos, en presencia de una criatura, como legado compartido del que podemos echar mano, para calmarlo o arrullarlo.

La literatura, ese texto a tantas voces que alberga, expresa y recoge nuestra sed de encantamiento, reúne las huellas de la ancestral fascinación por el poder de las palabras que han ido dejando los que han pasado antes y que también nosotros dejamos, como impronta, a los recién llegados”. (Reyes, 28 y 29)

 

Durante varios meses me reuní con los abuelos y abuelas que integrarían este programa  para recordar y compartir las canciones que habíamos cantado a nuestros hijos y nietos. Pero no solo las cantábamos, sino también nos contábamos las anécdotas que había detrás de cada canción. Las historias de llegadas, de lugares de origen, de familiares que ya no están. Algunos de los abuelos, incluso más que acordarse de los contenidos de alguna canción, recordaban alguna situación, olores, espacios, el ritmo de las palabras y la seguridad que sentían en ese momento. Cuánta conversación y canto surgieron en esas reuniones. Pero también cuántas dudas y preguntas resultaron de este trueque de experiencias. Lo que sí quedó establecido en estos primeros encuentros es que era fundamental la pasión para transmitir. Queríamos cantar y contar, como nos contaron, a esa primera infancia tan desatendida y queríamos hacerlo ¡ya! porque como dice Adelaida Nieto “Mañana es tarde para las niñas y para los niños, porque sencillamente, mañana ya no serán niñas ni niños. No podemos hablar de: el mundo que vamos a heredarles; ellas y ellos ya están en el mundo, son parte de él, no podemos heredarles lo que ya les pertenece”. [2] Además de nuestra experiencia como madres, como abuelas y abuelos, también exploramos a algunos autores que desde hace varias décadas vienen reflexionando sobre la lectura en la primera infancia.

 

¿Dónde encontraríamos esos padres?, ¿esa primera infancia? ¿Habría que buscarlos? O, ¿vendrían hacia nosotros luego de convocarlos formalmente? ¿Encontraríamos el espacio adecuado para promover la palabra literaria a tan temprana edad?

Encontramos la ocasión en espacios no convencionales frecuentados por madres gestantes y niños y niñas de la primera infancia como son maternidades y hospitales del Cercado de Lima. Y allí, en medio de una Sala de Espera de Pediatría, o mientras las madres gestantes se encuentran realizando sus ejercicios de psicoprofilaxis y estimulación temprana, convertimos cada espacio en un lugar de encuentro con la literatura y la poesía, entrelazando el canto, el juego y la conversación. Así comenzamos a promover el vínculo con la palabra literaria.

Pero algo que no nos habíamos preguntado pero luego descubriríamos es ¿cómo nos iban a recibir la comunidad de adultos del entorno de los bebés: padres, obstetras, familias? Bueno, en un país donde no hay costumbre de leer, nos recibieron con muchas preguntas y dudas sobre la lectura en la primera infancia, incluso sobre la lectura en sí misma. También tuvimos que adaptarnos al contexto y familiarizarnos con los procedimientos, reglas, regulaciones, políticas, etc. de cada hospital que intervenimos, pero sobre todo  observar con detenimiento las relaciones internas, el lenguaje, las formas de ser y comunicarse del personal de salud con quien nos relacionaríamos. No fue fácil.

¿Pero, leemos en la primera infancia? ¿Cómo pueden leer nuestros bebés aun cuando todavía no saben leer? Estas son las preguntas que más suelen hacernos desde la comunidad de padres, acompañantes y personal de salud, gente común, de vidas comunes, en su mayoría, que no tienen idea de cuan diferente es el lenguaje que, entre canción, juego y caricias que compartimos.

Se dice que leemos antes de aprender a leer. Y es cierto porque somos sujetos de lenguaje, venimos a un mundo habitado por la palabra. En la primera infancia se lee todo. Se lee el rostro de los padres, la voz de la madre. Se leen cuerpos, se leen libros. Se leen caricias. Constantemente la madre y el niño están interpretando sus emociones y gestos. Es leer desde lo simbólico, desde lo sonoro, desde el asombro. Desde la contemplación. Es leer los sentimientos. Leer balanceando, abrazando, transmitiendo nuestras pausas, nuestros silencios, nuestra cultura, nuestro folklore. Cuentos de tradición oral, juegos de palabras, trabalenguas, retahílas y arrullos.

“La palabra y su tonalidad, su ritmo, los trazos afectivos que teje la voz, cuando es temperatura emocional, calma, consuelo, ternura, sensorialidad latente. El magnetismo por el ritmo y la entonación puede desplegarse con intensidad, al escuchar la voz de otras memorias, viejas, nuevas-voces, de rimas, retahílas, cancioncillas cuentos”. (Pelegrín, 1986:11).

El oído es el primero que se hace lector, y luego cuando hemos escuchado cientos de canciones, de arrullos, de cuentos rimados, se empieza a leer desde el ojo. Ahí empieza la aventura de leer. Coincido con Evelio Cabrejo Parra cuando afirma que:

 “Hay una lectura anterior a los textos escritos, es la lectura del texto oral. Este acto de lectura es inherente a la puesta en movimiento del pensamiento. Sabemos que el bebé viene al mundo con las capacidades que le permiten manejar las informaciones del mundo físico y las del vasto mundo de la intersubjetividad. La voz de la madre ya está inscrita en la psiquis del bebé cuando nace. Esta inscripción comienza hacia el fin del cuarto mes de gestación, cuando la capacidad auditiva del feto se organiza de tal manera que las informaciones sonoras ya son accesibles a su aparato auditivo. Esto echa por tierra todos los conceptos de tábula rasa, pues el bebé es capaz de manejar las informaciones ligadas a la voz para hacer emerger el sentido. Que él consiga distinguir la voz de su madre de las otras voces que lo rodean supone ya una discriminación mental que pone en marcha el movimiento del pensamiento. Esta capacidad también le permite situarse como un pequeño sujeto en medio del mundo complejo y abstracto de la intersubjetividad. En efecto, él también viene al mundo equipado con la capacidad de reconocer a sus congéneres. La cara de la madre jugará un rol fundamental en la movilización de su actividad síquica pues una cara no es simplemente algo con una boca, una nariz y dos ojos, sino un “libro” que permanentemente envía informaciones que el bebé maneja a cada instante, así no nos demos cuenta”.

 

Pero, ¿no es suficiente con hablarle a mi niño? Nos dicen a menudo.

No, no es suficiente. El lenguaje literario es muy distinto al lenguaje cotidiano hablado, algunos especialistas lo llaman la lengua del relato. Es diferente, es cierto, tanto estructuralmente (léxico, gramática y sintaxis), como en su sentido. El lenguaje literario utiliza metáforas, alegorías, palabras ordenadas de otra forma. La construcción de una historia llama a un ritmo y una sonoridad que no utilizamos en el lenguaje hablado. Pero para llegar a este punto, primero hay que enamorarse, familiarizarse de la música de la palabra y ahí estamos con las canciones, con los juegos de palabras, de cuerpos y rostros que se entregan.

Sin embargo, en esta exploración de la literatura, en este comienzo de la historia del lector es indispensable la presencia del mediador adulto, el padre, la madre, los abuelos, el hermano mayor, la cuidadora. En esta primera entrega simbólica que se expresa en las canciones, en los arrullos y juegos de palabras la mediación es desde el hogar. Padres que acompañan con sus voces, con sus rostros y sus caricias.

Este programa está modificando no solo la impresión sobre la lectura (literaria) en la primera infancia, sino, también de manera indirecta en los adultos y en diferentes instancias de participación. Cuando Leticia, la joven madre del transporte público, escogió arrullar con esas palabras a su niño, no solo se estaba estrenando como mediadora de lectura, sino que también estaba recuperando esa riqueza de recuerdos y afectos de infancia que todos necesitamos vivir y valorar. Empezamos con el sueño de alentar con las palabras y afectos a la primera infancia pero hemos notado también que en este espacio de contemplación, de silencio, de conexión se abrió otra grieta por donde la palabra se filtra y hace su tarea amorosamente: Coser infancias rotas.

Bibliografía

[1] Programa de Bebetecas creado por la Casa de la Literatura en el año 2016, dirigido a madres gestantes, madres con bebés y niños hasta los seis años, conformado por abuelas y abuelos.

[2] Seminario Internacional “Los talleres con los libros para niños y jóvenes”. XIX Feria internacional del Libro Infantil y Juvenil, México D.F., noviembre de 1999.

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Acerca de Asociación Cultural Déjame que te Cuente

Déjame Que Te Cuente, es una Asociación Cultural sin fines de lucro, que tiene como finalidad la revalorización de la memoria de los pueblos, la recuperación /apropiación de la palabra oral y escrita y la promoción del arte de la narración oral. Para ello realiza el Festival de Narración oral Déjame Que Te Cuente, versión Internacional y Nacional desde el año 2000, así como también proyectos, talleres de formación , conferencias y encuentros en torno a la narración oral, el libro y la lectura.

Publicado el 17/03/2019 en déjame que te cuente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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