Reflexiones sobre la Narración Oral por Enesto Ráez Mendiola

Agradecemos al maestro Ernesto Raez Mendiola por esta contribución.
Equipo DQTC

Reflexiones sobre la Narración Oral

Enesto Ráez Mendiola (*)

En la tradición de los pueblos antiguos, la palabra antecede a las cosas que nombra. Así, en el Génesis, para convocar a la luz, Dios dice en las tinieblas: “Fiat Lux” y ésta aparece al conjuro de la palabra que la llama cancelando el mundo de las sombras. Cualquiera que sea el proceso que llevó al hombre a inventar el lenguaje, a partir de las posibilidades de articular los sonidos producidos por la laringe, esto es la voz, siempre el primer momento no pudo ser otro que el hablar. Porque hablar antecede al escribir. Inclusive, para muchos estudiosos del habla humana los mecanismos mentales que llevan a hablar no son los mismos que para escribir. Por eso hay quienes hablan mejor que lo que escriben y viceversa. En la medida en que la palabra hablada requiere del aliento, de la respiración, para emitirse, fue considerada desde un comienzo un recurso mágico y de poder. En el hablar la palabra vuela y se posa en los oídos y la mente de los que escuchan. Se habla para ser escuchado de inmediato. Si bien ahora hay sistemas de grabación de la voz hablada lo cierto es que el lenguaje oral es inmediato y la mayoría de las veces que lo empleamos es en el ritmo cotidiano del vivir. Por lo demás, en el pasado, no hubo otra manera de concretar y recordar los mitos y leyendas que la transmisión oral memorizada de los mismos. Palabra hablada y memoria están íntimamente ligados. Pues, en la medida en que no se puede volver sobre lo dicho, la memoria es la única que permite dar coherencia a lo escuchado. Por eso un insulto o una frase de desprecio se graba más que un golpe. Recordemos la conmovedora escena final de Fahrenheit 451, de Rad Bradbury, cuando los miembros de la comunidad se van transmitiendo oralmente los libros, ya que los impresos son quemados por la represión. Las palabras dichas arrullan o maltratan, pero las mejores son las que dan vuelo a la fantasía y a la reflexión.

Valga la digresión inicial para entender la riqueza de tradición oral que debe tener un territorio donde se hablan más de cincuenta lenguas, como es nuestro Perú. Paraíso de los antropólogos, las lenguas vivas y muertas del Perú nos han legado un contingente numeroso de narraciones que están aun por descubrirse o ser difundidas, a pesar de que en los últimos tiempos se ha publicado algunos trabajos al respecto como La Sal de los Cerros, Mitos y leyendas Aguarunas, De Adaneva a Inkarrí, Los Cuentos del Tío Lino, y tantos otros a los que se podría dedicar estudio especial.

Crecimos oyendo las consejas familiares donde la abuela se ponía a contar historias que fascinaban, escuchando en la Radio Peruana los  Cuentos de las Mil y una Noches o las narraciones de “La Voz de la Tradición”. No me refiero al radioteatro sino a la concreta narración oral de cuentos. También he apreciado esta costumbre a nivel colectivo. Cuando en los años setenta trabajé para la Reforma de la Educación viajé a Pomabamba. Para entonces, la ciudad no tenía luz eléctrica y apenas si dos vehículos motorizados: el que yo había llevado y otro más de un camionero en tránsito eran los únicos. Pues bien, todas las noches las gentes del lugar salían con sus lámparas a la plaza de armas y se iban sentando al pie de una escalinata. Allí llegaba diariamente un anciano, arropado en su poncho, como los oyentes ocasionales, y se ponía a contar las noticias del día o de la semana, y entre noticias recordaba historias de la tradición de Pomabamba, famosa por sus aguas termales. Este noble anciano era la radio y la televisión del lugar, adonde apenas si una vez al mes se daba una función de cine al aire libre, con los espectadores sentados en tablas acomodadas sobre ladrillos. Era natural que los pomabambinos prefiriesen las narraciones diarias del anciano. Y esto que viví en Pomabamba, lo he gozado en San Martín, donde para las fiestas patrias se recitan bandos irónicos que critican satíricamente a las autoridades. Bardos callejeros similares a los troveros y trovadores medievales, dotados de sus mismas cualidades de animación oral.

No podría decir quién comenzó esta actividad o si ella apareció en muchos sitios a la vez. Me remitiré concretamente a los años que estudié en la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE-1955) en la que, por iniciativa del Doctor Guillermo Ugarte Chamorro comenzamos a contar Cuentos Peruanos e  Internacionales. Hablo de contar no de teatralizar que es otro mecanismo. No debemos olvidar que, por su naturaleza de hecho vivo y presente, el teatro es literatura oral y gestual. Narradores, y de alto nivel, han sido Carlos Velásquez, Hudson Valdivia, Ofelia Wolloshin. Lo continúan siendo Delfina Paredes, Elba Alcandré, Helena Huambos, Ofelia Lazo, Myriam Reátegui.

Se puede narrar sin más apoyo que la voz y la presencia. Pero, a partir de allí, los recursos pueden multiplicarse. No hay nada nuevo bajo el sol, salvo cada ser humano que es inédito e irrepetible. Allí radica el encanto de la narración. En que nadie puede narrar igual que otro, que se narra con toda la biografía, que es casi un exorcismo de nuestras cualidades más limpias de comunicación. Porque “hablar es un leve puente de sonidos que lanzo desde mi orilla de individuo irreductible para transitar de la soledad a la compañía”, la narración  será siempre una cadena de fraternidad.


(*) Ernesto Ráez Mendiola (Rímac 1936), hombre de teatro, con 64 años de actividad. Como el señor Histrión ha narrado cuentos a los niños por muchos años. Creía al comienzo que la atención la generaba el vestuario colorido de bufón que usaba. Pero, un día vestido de negro y sin color alguno se atrevió a narrar y al comprobar que los niños lo escuchaban muy atentos, comprendió que el encanto estaba en otro punto: lo interesante de la historia narrada, sobre todo. Y la manera viva y sincera de contarla. En los cursos de Creatividad que dicta, desarrolla métodos para crear cuentos y narrarlos, producto de ello es el texto Cómo crear y narrar Cuentos, que obsequia a sus alumnos. Ha investigado sobre lo que llama el punto cero entre la narración y el monólogo teatral. Producto de esta investigación fue la puesta en escena del cuento En el Bosque, de la serie Rashomon, de Akuyagawa Ryonosuke, obra que ha obtenido reconocimiento en el país y en el extranjero (Argentina, Aruba, Curazao, Cuba, Holanda, Australia).
Es Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, Premio Nacioanl de Cuento para Niños, Francisco Izquierdo Ríos, de la ANEA y Premio Nacional de Teatro Escolar del Teatro Universitario de San Marcos. Ha sido Coordinador para América Latina y el Caribe de la International Drama/Theatre and Education Association (IDEA) y actualmente es Secretario General de las Escuelas de Teatro de la Región de Sudamérica de la Cátedra UNESCO-ITI.

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Acerca de Asociación Cultural Déjame que te Cuente

Déjame Que Te Cuente, es una Asociación Cultural sin fines de lucro, que tiene como finalidad la revalorización de la memoria de los pueblos, la recuperación /apropiación de la palabra oral y escrita y la promoción del arte de la narración oral. Para ello realiza el Festival de Narración oral Déjame Que Te Cuente, versión Internacional y Nacional desde el año 2000, así como también proyectos, talleres de formación , conferencias y encuentros en torno a la narración oral, el libro y la lectura.

Publicado el 14/07/2010 en Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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