Carlos Genovese

Sobre el Taller de Narración Oral Escénica

Fernando Añaños

El viernes 4 de junio, en la mañana, fui a casa de Cucha del Aguila a encontrarme con Carlos Genovese, conversamos un buen rato sobre este fenómeno contemporáneo de la narración oral urbana que ha surgido casi paralelamente en muchos países en las últimas décadas. ¿Razones? Quizá la más importante, la necesidad de recuperar la palabra en un mundo totalmente dominado por la imagen. Si bien es cierto, me dijo Carlos, hay zonas y culturas en el mundo que han conservado la tradición oral y la siguen enriqueciendo, este fenómeno urbano es totalmente contemporáneo y responde a necesidades de la sociedad moderna atrapada en un laberinto de imágenes y tecnología, lo que se traduce en aislamiento, incomunicación y pérdida de identidad. En consecuencia, la razón esencial de la narración oral está en la necesidad de comunicar y saber quienes somos y de dónde venimos. Sin memoria, lo que es decir historia, no hay identidad.

Gran responsabilidad la del narrador oral que se convierte en depositario de una tradición, de una identidad común que le habla a un pueblo de lo que es, de dónde viene y, en consecuencia, le habla también de derroteros a seguir. Responsabilidad que debe traducirse en un trabajo muy serio de investigación y de preparación personal para asumir el reto de crear un espectáculo y ponerlo sobre el escenario.

Y de esto precisamente trató el taller de Carlos Genovese. Por un lado un trabajo de recopilación, de acopio creativo, y por otro de plasmación escénica de lo recopilado. Tanto si toma historias de la tradición oral, como si toma historias de la literatura o crea sus propias historias, el narrador es un vehículo de transmisión de valores, de una cosmovisión a la que no debe traicionar. Y por lo tanto está obligado a un trabajo de investigación muy serio y profundo para decidir qué cuenta y cómo lo cuenta.

Recuerdo que Genovese nos dijo, si van a contar un cuento de autor, sólo háganlo si están convencidos de que lo van a contar mejor de lo que lo escribió el autor. Enorme reto ¿verdad?

Y, precisamente, en lo que tiene que ver con el cómo, hubo dos momentos de trabajo práctico: la narración de una anécdota personal y la clínica del cuento.

Primero varios de nosotros pasaron al escenario para contar una anécdota que les hubiera ocurrido en algún momento de sus vidas. Luego de cada relato venían los comentarios tanto de Carlos como de los participantes en el taller. Resultó muy interesante y muy sugerente ver cómo los recursos y la mayor o menor solvencia de los narradores estaba presente en el relato de cada anécdota así como también el bagaje personal de cada uno de nuestros compañeros. ¿No tendrá esto que ver con la seriedad y la investigación de que hemos hablado más arriba?

Después vino el momento en que cada uno de nosotros, sin excepción, subió al escenario a contar un cuento que por algún motivo quisiera someterlo a la clínica, lo que es decir al análisis tanto del maestro como de los demás compañeros. Momento rico en aportes y sugerencias que, creo yo, todos hemos atesorado en nuestras mentes y nuestros corazones y que nos ha dejado un reto para adelante: trabajar el cuento que sometimos a la clínica, tomando en cuenta los aportes y sugerencias recibidos y volver a confrontarlo así enriquecido.

Por supuesto que todos nos quedamos con ganas de continuar en este trabajo formativo que nunca termina. Por mi parte me gustaría un desarrollo mayor de temas como el de los recursos dramatúrgicos, los nexos entre los relatos y el punto de vista del narrador. Todo esto deberá ser materia de otros talleres pero también de un trabajo de investigación personal de cada narrador. Es necesario investigar, probar y confrontar.

La velada

Elizabeth Lino

Carlos Genovese es un señor grande con barbas blancas y vive en Valparaiso, Chile. Aquella noche se sentó en un banco de patas largas para contar historias. Vestido de negro y sobre una alfombra de colores comenzó a tejer las palabras, las que al poco rato parecían elevarme entre rostros, libros, molinos, puertas y grafitis…

Ahora sé cómo se sienten los molinos después de haber conocido al Quijote; y cada vez que encuentre un libro en una biblioteca pública escrito en los bordes de sus páginas, pensaré que quizá la preciosa Margarita que encandiló al tío Piti pasó también por allí. La próxima vez que vaya a Chile y visite Valparaiso buscaré la iglesia donde está sentado en su gran trono rojo el patrono de la ciudad.

Gracias por tus historias Carlos Genovese.

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Acerca de Asociación Cultural Déjame que te Cuente

Déjame Que Te Cuente, es una Asociación Cultural sin fines de lucro, que tiene como finalidad la revalorización de la memoria de los pueblos, la recuperación /apropiación de la palabra oral y escrita y la promoción del arte de la narración oral. Para ello realiza el Festival de Narración oral Déjame Que Te Cuente, versión Internacional y Nacional desde el año 2000, así como también proyectos, talleres de formación , conferencias y encuentros en torno a la narración oral, el libro y la lectura.

Publicado el 25/06/2010 en Uncategorized y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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